LEDHERMAN



1938
Algo de historia con ¿alguna semejanza actual?

Coronel (Ej-Ven) Manuel A Ledezma Hernández


El próximo mes de octubre se cumplirán setenta y siete años de un acontecimiento que dio inicio a uno de los crímenes más grandes que registra la historia moderna.
Lo que sigue a continuación es un extracto del artículo original que usted podrá consultar, completo, en el enlace:
¿Propósitos de este resumen o extracto?
Son dos:
1. Recordar unos hechos que jamás deben ser olvidados, independientemente de la orientación política o religiosa de cada quién; y
2. Determinar si existe alguna similitud con los acontecimientos actuales en nuestra Patria, otrora llamada TIERRA DE GRACIA. Queda a usted, estimado lector, determinar si existe esa similitud.
He aquí el “extracto-resumen”:
“Tras la Primera Guerra Mundial, el Imperio Alemán (Deutsches Reich) se dotó de una Constitución que lo definía como una República, de ahí el nombre de República de Weimar con el que habitualmente se conoce a Alemania en el periodo que va de 1919 a 1933.
Esta República de Weimar se estableció sobre unos traumas nacionales tales como: la derrota en la Gran Guerra, o primera guerra mundial; la abdicación del emperador; la amenaza de la revolución comunista; la humillación del Tratado de Versalles; el pago de exorbitantes reparaciones de guerra a los Aliados occidentales; un generalizado incremento de la violencia, esta violencia fue vista como un presagio de una nueva sociedad, dura y moderna, donde la virilidad y la crueldad serían factores esenciales.
Muchos de los miembros de las unidades de Frikorps que habían continuado la lucha tras la Gran Guerra en Polonia y el Báltico, regresaron a Alemania y se integraron en grupos paramilitares al movimiento nazi en formación, y fueron responsables entre 1919 y 1922 de más de 300 asesinatos políticos.
La reacción de la judicatura [cuerpo constituido por los jueces de un país], fue benevolente.
Este estado de cosas facilitó que el ciudadano medio viese con indulgencia la escalada de violencia que acompañó al nazismo en su llegada al poder entre 1930 y 1932.
A lo anterior hay que añadir un considerable caos económico y político; una inflación masiva en 1923 y el consecuente colapso monetario, que afectaron duramente a las clases trabajadora y media.
Simultáneamente, ya desde 1918, la económicamente fuerte población judía alemana (poco más de medio millón de personas) fue objeto de atención por una propaganda intensiva que llevaron a cabo las organizaciones antisemitas que marcaron a los judíos con el estigma de haberse dedicado a acaparar para enriquecerse en tiempo de guerra, a actividades en el mercado negro y a la especulación bursátil.
En general, los sentimientos antijudíos se recrudecieron con las crisis económicas y políticas que se desarrollaron entre 1918 y 1923.
Por un lado, se empezó a asociar a los judíos con actividades subversivas.
Por otro lado, desde 1920 se experimentó una inmigración masiva de judíos polacos en Berlín. Sin trabajo y con dificultades para adaptarse por el idioma, se convirtieron en objetivo para las quejas xenófobas de muchos.
Así, el nuevo nacionalismo adoptó la violencia como un modo de alcanzar la salvación nacional.
En definitiva, la sociedad de la República de Weimar se fue polarizando, tanto en las clases privilegiadas como en las populares, en dos grandes grupos: por un lado, aquellos que cerraron filas ante los entendidos como los valores tradicionales y auténticos de Alemania, y, por otro, aquellos que amenazaban con su modernidad a estos: el socialismo, el capitalismo y, especialmente, como cabeza de turco de estos dos, los judíos.
En general, existía un cierto malestar por la inmigración de judíos desde el Este (entre 1918 y 1933 la política antisemita del gobierno de Polonia había llevado a 60.000 judíos a emigrar a Alemania)
El 9 y 10 de noviembre de 1938 los nazis usando sus fuerzas paramilitares realizaron una serie de ataques masivos coordinados contra los judíos en Alemania y parte de Austria llamados en su conjunto “la noche de los cristales rotos”, con el saqueo y destrucción de sus hogares, negocios, escuelas y el incendio de más de 1000 sinagogas.
Además, la propia idiosincrasia del nazismo permitió la aparición de denuncias como forma de control social, de modo que vecinos y compañeros de trabajo de los judíos colaboraron activamente para construir un clima de represión y terror.
En octubre 20 de 1939 el Papa Pio XII promulgo la encíclica “Summi Pontificatus, sobre las limitaciones de la autoridad del estado”, desaprobando la guerra, el racismo, el antisemitismo, la invasión a Polonia y la persecución a los católicos. Escribió sobre "Los cristianos, por desgracia más de nombre que de hecho" que han mostrado "cobardía" de cara a la persecución y apoyó la resistencia.”
Como herramienta para alcanzar la aspiración nazi de liberar a Alemania de la población judía, Viena se convirtió en el primer lugar en el que se pondría en práctica la que sería, a partir de entonces, una constante política nazi: la deportación de la comunidad judía de su territorio.
Previamente, hubo una campaña de intimidación particularmente violenta y brutal, en la que las SA obligaron a los judíos a fregar las calles de la ciudad con pequeños cepillos bajo la mirada de una multitud que se mofaba de ellos, los negocios pertenecientes a aquella minoría fueron expropiados a la velocidad del rayo y los matones nazis austríacos saquearon sin contemplaciones los hogares judíos.
Al frente de la gestión del procedimiento industrial para la emigración forzada de los judíos de Viena, se situó desde la misma primavera de 1938 a Adolf Eichmann. En seis meses, expulsó a cerca de 45.000 judíos y antes de mayo de 1939 más del 50% de la población judía (unos 100.000) se había ido de Austria.
La primera deportación en masa se produjo en octubre de 1938, cuando 16.000 judíos de origen polaco fueron expulsados de Alemania, siendo abandonados en la frontera con Polonia, que les negó la entrada.
El hijo de uno de ellos, Herschel Grynszpan, que residía en París, reaccionó asesinando al tercer secretario de la embajada alemana en París. La propaganda nazi calificó la acción como declaración de guerra y como un acto más de la conspiración judeo-masónica mundial.
Las agresiones no solo fueron realizadas por los fanáticos ideológicos del partido nazi, sino también por alemanes corrientes.
No hubo esta vez protestas públicas significativas por parte de las iglesias.
A partir del 21 de febrero de 1939, los judíos de Alemania se vieron obligados a entregar a las autoridades todo el oro y la plata que tuviesen en posesión.
En 1939, 78.000 judíos abandonaron Alemania y se confiscó por todo el país objetos de valor pertenecientes a los judíos.
Por extraño que pueda parecer, la Cuestión Judía no despertó el mínimo interés en la inmensa mayoría de los alemanes durante los años de la guerra en los que los asesinatos en masa de los judíos estaban teniendo lugar en los territorios ocupados. Por lo demás, los judíos, una minoría en general poco estimada, estaban prácticamente aislados del resto de la sociedad alemana y su despersonalización fue el gran éxito de la política nazi y de la propaganda sobre la Cuestión Judía.
Y aunque la planificación y ejecución de la "solución final" se llevó con un grado muy elevado de secretismo, lo que probablemente demuestra que los jerarcas nazis eran conscientes de que no podían contar para ello con el respaldo popular, la misma no se habría hecho realidad sin la colaboración activa de la Wehrmacht [ejército profesional alemán], la única fuerza aún capaz de contener el régimen nazi; o en cualquier caso, sin el consentimiento equivalente a la complicidad activa de la burocracia civil, que se esforzó por satisfacer los requerimientos de vertiginosa discriminación, o de los líderes de las industrias alemanas, que fabricaron la maquinaria de la muerte e instalaron sus fábricas en los campos de concentración.
La exacta valoración de la actitud de los alemanes ante el destino de los judíos ha provocado divergencias entre algunos historiadores.
Ian Kershaw ha insistido en el concepto de «indiferencia moral», que se reflejó en el hecho de que los alemanes apartaron la vista deliberadamente eximiéndose de cualquier responsabilidad personal. La razón principal habría sido que la población aceptó con naturalidad el derecho del Estado a decidir sobre la Cuestión Judía, un asunto que para ellos tendría poca relevancia personal.
Por su parte, Kulka y Rodrigue adoptan la postura de que «la imagen de conjunto que el régimen obtenía a partir de los informes sobre la opinión popular apuntaba hacia una pasividad general de la población frente a la persecución de los judíos», demostrando así la «complicidad objetiva de la población en la Solución Final», aunque rechazan el concepto de «indiferencia» como excesivamente limitado en cuanto a su alcance y por no transmitir «toda la complejidad de la opinión popular».”
Fin del extracto-resumen
Preguntas finales:
En el caso de que pueda existir alguna semejanza, ¿se ha pronunciado alguna “Iglesia” o “Religión”? ¿Se ha pronunciado o manifestado la llamada “Sociedad Civil”? ¿Qué dice la “conciencia” de los demócratas y la de los “defensores de los Derechos Humanos?

Agosto, 25 de 2015